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El término "azúcar" - en singular - se refiere habitualmente a la "sacarosa", carbohidrato que se extrae de la remolacha o la caña - aunque también está presente en otras plantas. Posteriormente se comercializa para ser incorporado en los productos de alimentación y resto de productos de la industria no alimentaria así como para su consumo en el hogar. Existen también otros tipos de azúcares como la lactosa, la dextrosa, el jarabe de glucosa, la isoglucosa, la fructosa, etc. Todos ellos aportan las mismas calorías que la sacarosa, es decir, 4 kcal por gramo, y todos ellos al igual que ésta, son utilizados como ingredientes en la industria alimentaria. Algunos, además, se pueden encontrar en los propios alimentos no procesados, como ocurre con la fructosa presente en la fruta, la lactosa en la leche, etc. Analíticamente no es posible - por plantear enormes dificultades analíticas - la distinción entre los que son intrínsecos y los añadidos en la fabricación de alimentos, siendo recomendable su consumo a partir de todas las fuentes disponibles en el marco de una dieta variada. |
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Efectos fisiológicos de los carbohidratos
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Dadas las innumerables funcionalidades tecnológicas de los azúcares, cuando se sustituyen han de ser reemplazados por grasas (que aportan 9 kcal por gramo) o por aditivos - edulcorantes o no - que, aunque están autorizados legalmente, por motivos de seguridad y de prevención toxicológica su límite de uso está sujeto a legislación específica. A veces, un azúcar es reemplazado por otro azúcar, lo que tampoco supone ninguna ventaja nutricional. Es importante pues valorar todas estas cuestiones ante la elección de su sustitución. Finalmente, recalcar también el efecto psicológico que, para un importante sector de la población, representan los productos "sin azúcar" asociados a falsas "tranquilidades" que incitan a consumir mayores cantidades no sólo del producto en sí, sino también de otros, que nada tienen que ver con el azúcar. |